Cuando el pánico te ataca

No se los voy a negar. Soy una persona llena de miedos e inseguridades y uno de los miedos más arraigados en mí es el no poder volar.

Y no, no me refiero al hecho de tomar un avión y largarme. Me refiero al hecho de sentir que yo misma podría estar cortándome las alas con las decisiones que tomo.

Estos últimos meses han sido algo difíciles para mí, en especial porque he tenido que detenerme en los viajes. (Te interesará leer: “Hagamos una pausa“). Y en estas últimas semanas, solo he sentido que todo ha empeorado.

No canalizo mis emociones de la misma manera que una persona normal lo haría y esto, recientemente, me ha causado un ataque de pánico.

Esa sensación de que todo está mal y no hay más opción que huir, alejarte de aquello que te perturba a tal punto de sentir asfixia, taquicardia y una completa desesperación.

Es horrible y no se lo deseo ni a la persona más fastidiosa del mundo.

Quizá es porque estoy agotada o porque necesito un tiempo para mí pero no saben cuantas veces he puesto sobre la mesa la idea de dejarlo todo para poder tomarme unos días y viajar – sin remordimiento – o cuantas veces he tenido que luchar conmigo misma para no comprar una oferta de pasaje aéreo porque cae justo la semana que tengo eventos importantes, parciales, charlas o presentaciones de proyectos.

A veces solo necesitamos ese recordatorio de que hay algo más en la vida.

En estos días, buscando una manera de alejar cualquier pensamiento desalentador, se me ocurrió buscar a mi querido pasaporte.

Recorrer sus páginas, me hizo recordar los momentos maravillosos que he pasado volando, conociendo personas increíbles, recorriendo lugares mágicos y creando momentos.

Queremos tenerlo todo y sentir que somos exitosos en todos los aspectos de nuestras vidas pensando que no lo somos pero en realidad si. Son esas metas que vas alcanzando, las que en realidad te dicen que estás haciendo algo bien.

En realidad este post es más para mí, que para ustedes y estoy honrada de poder compartir mis sentimientos. Gracias a los que me leen, a los que me entienden y a aquellos que no, quiero decirles: aún no es tarde.

Todavía tengo una vida entera para seguir cometiendo errores y no debo presionarme por una línea que yomisma tracé.

¡Un abrazo!

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